El Wiñol Tripantu representa el retorno del sol y el inicio de un nuevo ciclo para el pueblo mapuche. Su conmemoración puede abrir espacios de encuentro, memoria y aprendizaje intercultural.
Con la llegada del solsticio de invierno, los días comienzan lentamente a alargarse y la naturaleza inicia un nuevo ciclo. Para el pueblo mapuche, este tiempo posee un sentido espiritual y comunitario: invita a agradecer, compartir conocimientos y renovar la relación con la Ñuke Mapu, la Madre Tierra.
Durante junio, programas de Fundación CreSeres a lo largo de Chile generaron experiencias para acercar este significado a niños, niñas, adolescentes y familias. No se buscó reproducir una celebración de manera superficial, sino reconocer la presencia viva de la cultura mapuche y aprender desde el territorio.
Aprender junto a quienes mantienen vivos los saberes
En Temuco, una jornada reunió a participantes del programa en torno a alimentos tradicionales, dinámicas de renovación y una ceremonia de rogativa. En Villarrica, el encuentro comenzó con un chalin o saludo, continuó con un epew —espacio para compartir relatos— y culminó con un misawün, la práctica de comer juntos.
En Arauco, la experiencia tuvo lugar en la Ruka Lelbun del Valle de Elicura. Allí, junto al lonko y su familia, las y los participantes conocieron elementos de la cosmovisión mapuche mediante la música, la gastronomía, el palín y los saberes transmitidos por la comunidad.
Estas experiencias muestran un criterio central: cuando una institución aborda una tradición cultural, debe hacerlo en diálogo con las personas que la viven y resguardan. La cultura no puede ser separada de sus comunidades.
Los nuevos ciclos como oportunidad de reflexión
En varios programas, el brote se convirtió en un símbolo compartido. Familias y participantes identificaron deseos, fortalezas o metas para el tiempo que comienza. Algunas recibieron una planta para cuidar en sus hogares; otras construyeron árboles de compromisos o representaron mediante el arte aquello que querían cultivar.
La metáfora es sencilla, pero profunda. Crecer requiere tiempo, condiciones adecuadas y presencia de otras personas. En los procesos de acompañamiento ocurre algo similar: no hay transformaciones instantáneas ni trayectorias lineales. Existen avances, pausas y nuevas oportunidades.
Encuentro, alimentación y reciprocidad
El compartir alimentos apareció de manera recurrente en las actividades. En Osorno, un misawün permitió conversar sobre identidad y memoria. En el Colegio Inapewma de Chol Chol, adolescentes, docentes y profesionales se reunieron para compartir alimentos como expresión de comunidad, respeto y reciprocidad.
Comer juntos no es un detalle logístico. En muchas culturas constituye una forma de reconocer a las demás personas y sostener vínculos. Dentro de una experiencia socioeducativa, también puede generar un tiempo de conversación menos jerárquico y más cercano.
Una experiencia extendida por distintos territorios
La conmemoración también estuvo presente en Talca, La Pintana, San Bernardo, Renca, Pedro Aguirre Cerda, Cerro Navia, Panguipulli, Magallanes y otras comunas. Hubo talleres, conversatorios, cantos en mapuzugun, actividades deportivas, recorridos gastronómicos y encuentros con organizaciones locales.
La diversidad de formatos no diluyó el propósito común: fortalecer el reconocimiento cultural, la convivencia y el sentido de pertenencia. Cada equipo adaptó la experiencia a su realidad territorial y a las redes disponibles.
Interculturalidad más allá de una fecha
Conmemorar el Wiñol Tripantu es valioso, pero la pertinencia cultural no puede quedar limitada al calendario. El desafío es incorporar el respeto por las identidades en la escucha cotidiana, el trabajo con las familias y la toma de decisiones.
Eso implica reconocer que no todas las personas mapuche viven su identidad de la misma manera. También exige evitar la folklorización: mostrar símbolos sin explicar su sentido o utilizar ceremonias fuera de contexto.
En Fundación CreSeres, estas experiencias forman parte de un compromiso mayor con una intervención territorial, técnica y humana. Aprender de los nuevos ciclos también significa revisar nuestras propias prácticas y preguntarnos qué debemos renovar.
La interculturalidad comienza cuando dejamos de hablar sobre otras culturas y aprendemos a encontrarnos con ellas.
Interculturalidad en la intervención social Arte, cultura y deporte para el desarrollo integral