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Mesa ceremonial andina preparada para una conmemoración del Willka Kuti

Willka Kuti y Machaq Mara: el retorno del sol en el norte de Chile

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El Willka Kuti y el Machaq Mara conmemoran el retorno del sol y el inicio de un nuevo ciclo para los pueblos andinos, vinculando comunidad, naturaleza, gratitud y renovación.

Mientras el solsticio de invierno da paso al Wiñol Tripantu en territorios mapuche, en el norte de Chile adquiere un profundo significado para los pueblos andinos. El retorno del sol marca un tiempo para agradecer, renovar energías y fortalecer la relación con la Pachamama y el Tata Inti.

Inspirados por este patrimonio, programas de Fundación CreSeres en Arica y Parinacota, Tarapacá, Antofagasta y Coquimbo desarrollaron experiencias junto a niños, niñas, adolescentes y familias. Arte, lengua, gastronomía, semillas, relatos y ceremonias permitieron aprender desde distintas formas de comprender el territorio.

Aprendizaje vivencial en Tarapacá

En AFT-PF CreSeres Cavancha, una conmemoración del Willka Kuti fue guiada por un yatiri, autoridad espiritual de los pueblos andinos. La jornada continuó mediante un circuito dedicado a la cosmovisión, la lengua, los juegos, la gastronomía y las tradiciones aymara.

En AFT-PF CreSeres Tarapacá, una ruta intercultural acercó a las familias a historias y formas de vida de pueblos originarios presentes en Chile. El aprendizaje no se limitó a recibir información: las y los participantes pudieron experimentar, preguntar y relacionar los contenidos con la vida comunitaria.

En Iquique, el teñido de lanas con pigmentos naturales, la elaboración de vasijas de greda y la siembra de semillas ofrecieron otra forma de aproximarse al patrimonio. Cada semilla fue asociada a un deseo para el nuevo ciclo, vinculando tradición, naturaleza y proyección personal.

Arica: memoria andina y nuevos comienzos

En PIE CreSeres Arica, el Machaq Mara fue conmemorado con danza, gastronomía y espacios de reflexión. La actividad permitió conversar sobre la sabiduría ancestral que entiende el universo como un sistema interconectado y en equilibrio.

Por su parte, PDE CreSeres Arica desarrolló “Nuevos comienzos: tradiciones andinas”. La representación del cuento La pequeña Kusi y el regreso del Sol, la creación de un mural y el compartir alimentos transformaron la jornada en una experiencia de identidad, convivencia y proyección de nuevas metas.

Estas actividades son especialmente valiosas cuando se desarrollan desde la reinserción educativa. Aprender no ocurre únicamente dentro de una sala ni se reduce a completar contenidos. También implica recuperar curiosidad, confianza y una relación significativa con el entorno.

El arte como puente entre cultura y derechos

En Tocopilla, adolescentes crearon un mural colaborativo junto al grafitero local José Nadal. La obra reunió símbolos y mensajes vinculados con identidad, diversidad cultural y derechos de la niñez.

Un mural comunitario no solo produce una imagen. Exige escuchar, acordar, distribuir tareas y ocupar un espacio común. Permite que las ideas individuales formen parte de una obra compartida y visible para el territorio.

En Alto Hospicio, una ceremonia simbólica invitó a dejar atrás aquello que había cumplido su ciclo y expresar propósitos para el tiempo que comienza. El gesto de transformación ofreció un lenguaje concreto para hablar de esperanza sin negar las dificultades de cada trayectoria.

Más allá de una única identidad andina

En Coquimbo, la jornada “Raíces vivas” acercó a las familias a las culturas diaguita y changa mediante gastronomía, relatos, arte y la participación de referentes territoriales. La experiencia recordó que el norte de Chile no posee una identidad homogénea. Conviven pueblos, memorias y comunidades diferentes.

Por eso, hablar de interculturalidad exige precisión. No todas las tradiciones pueden mezclarse ni presentarse como equivalentes. Reconocer sus particularidades es una forma de respeto.

Renovar también nuestras prácticas

Las celebraciones de nuevos ciclos ofrecen una oportunidad para mirar el futuro, pero también para revisar el presente. ¿Estamos escuchando los saberes locales? ¿Las familias encuentran sus identidades representadas? ¿Las actividades se construyen junto a las comunidades o únicamente para ellas?

Una intervención con pertinencia cultural no utiliza el territorio como escenario. Lo reconoce como fuente de conocimiento, vínculos y responsabilidades compartidas.

El retorno del sol no promete caminos fáciles. Nos recuerda que todo nuevo comienzo necesita memoria, comunidad y trabajo sostenido.

Interculturalidad en la intervención social Wiñol Tripantu: identidad, comunidad y nuevos ciclos